Texto original.
Página: http://www.comoves.unam.mx/numeros/articulo/18/las-dietas-mitos-y-realidades
Las dietas: mitos y realidades*
Carmen
Sánchez Mora
Conservar
un peso ideal se basa en sólidos y sencillos principios científicos; sin
embargo, muchas personas se sienten atraídas por dietas que pueden ser muy
peligrosas.
Dondequiera
que miremos, el mensaje es claro: ser delgado es ser atractivo. Si tenemos
algunos kilos de más o incluso un peso normal para nuestra edad y estatura,
pero una figura robusta, es posible que nos sintamos desvalorizados como
personas y juzgados por nuestra apariencia y no por cualidades como la
inteligencia, la creatividad, la simpatía o el talento. Desde luego es normal y
sano decidir hacer algo por nuestro cuerpo e imagen.
Deja de serlo cuando
implica preocuparse en demasía, obsesionarse, dejar de comer, ayunar
periódicamente, usar laxantes y diuréticos, hacer ejercicio compulsivamente,
tomar medicamentos para adelgazar o hacer dietas que ponen en peligro nuestra
salud.
Antes
que nada, debemos tener claro que nunca podremos ser delgados a menos que
nuestra constitución física y genética lo permitan.
Cada persona nace con un
tipo de cuerpo que ha heredado y que está basado en un particular marco
esquelético y composición corporal. En general, somos combinaciones únicas de
tres tipos corporales: ectomorfo, mesoforfo y endomorfo. Es muy difícil, si no
imposible, alterar el tipo corporal aun con dieta y ejercicio. Pero sucede que
al ver a los modelos (hombres y mujeres) que nos muestra la publicidad, podemos
imaginar que haciendo dieta podemos parecernos a ellos, particularmente si
éstos llegan a afirmar falazmente que antes de tal o cual tratamiento se
parecían a nosotros y que la figura que ahora poseen es el producto de un
tratamiento dietético.
El
bombardeo de imágenes estereotipadas y enajenantes de los medios de
comunicación hace que nos resulte difícil sentirnos cómodos con nuestro cuerpo,
lo que lleva a muchas personas a preocuparse constantemente por la comida, la
silueta y las dietas. Es así como el deseo de una apariencia delgada se ha
convertido en una norma cultural y, en consecuencia, se ha difundido la idea de
que la salud y la belleza sólo se logran llevando a cabo un régimen alimenticio
rígido y disparatado o bien mediante ejercicios, brebajes y aparatos anunciados
constantemente en los medios.
En todos ellos se concede un valor extraordinario
a poseer una figura delgada, la cual es presentada como la única estéticamente
aceptable y a la que se asocian otras cualidades como perfeccionismo,
disciplina, inteligencia, éxito laboral y social, entre otras. Para colmo, el
tipo corporal promedio de los mexicanos y mexicanas se aleja mucho del
estereotipo de belleza manejado por la publicidad.
De
todo esto florece un sistema dedicado a explotar la angustia, la credulidad y
la búsqueda de soluciones fáciles para modificar nuestra figura mediante dietas
supuestamente maravillosas y fáciles que “sí funcionan” y nos permiten “perder
peso sin esfuerzo”. Estos engaños que difunden con frecuencia la radio, la
televisión y las revistas femeninas (y últimamente también las masculinas),
muchas veces ostentan un disfraz de seriedad científica que constituye un
atentado contra la salud, por lo que será necesario analizarlos objetivamente
con base en principios científicos sólidos.
El secreto que nadie
oye
El
primer paso para controlar el peso es entender el metabolismo, proceso mediante
el cual el cuerpo libera energía del alimento y la usa para funcionar, y para
construir y reponer sus tejidos. Un factor que determina nuestras necesidades
de energía es el llamado metabolismo basal, que es la cantidad de energía que
requiere el cuerpo en reposo para llevar a cabo las funciones básicas de la
vida como respirar, hacer circular la sangre, mantener la temperatura corporal,
etc. El metabolismo basal varía con la edad, talla, género, actividad física y
tipo corporal. Por ejemplo, una persona musculosa tiene generalmente un
metabolismo basal más alto que una no musculosa pero del mismo peso.
Otro
factor que determina nuestras necesidades de energía es nuestro grado de
actividad física, es decir, una persona muy activa usará más energía que una
sedentaria.
Cuando la energía que nos proporcionan los alimentos que consumimos
es mayor que la que gastamos por el metabolismo basal y por nuestras
actividades físicas, la energía excedente se almacenará en el cuerpo en forma
de grasa. Si esto ocurre a menudo, la persona tenderá al sobrepeso, es decir,
al peso excedido a partir del 10% del peso recomendado para la edad y estatura
de una persona. En casos raros, el sobrepeso se debe a un funcionamiento
impropio de la glándula tiroides, que se traduce en una tasa metabólica menor
que la normal.
La
obesidad, por otra parte, consiste en una acumulación excesiva de grasa en el
cuerpo que se presenta a partir de un 20% sobre el máximo peso recomendado. Se
trata de una condición que debe ser atendida por el médico y a la cual no se
aplican las recomendaciones que haremos aquí.
Así,
las personas que no tienen problemas metabólicos, requieren equilibrar la
cantidad de energía ingresada al cuerpo con la dieta y la gastada por el
metabolismo y la actividad para mantener el peso recomendado. Por ello, el
control del sobrepeso debiera ser un asunto sencillo: comer en menor cantidad,
particularmente grasas, o hacer más ejercicio, o una combinación de ambos. Este
principio tan simple es normalmente dejado a un lado por ciertas dietas que
aunque puedan parecer efectivas por un tiempo, a la larga dañan
irreversiblemente la salud.
Las calorías
Si
bien no existe un método para bajar de peso que garantice el éxito total, se ha
demostrado que los mejores resultados se obtienen cuando se modifica la
conducta alimentaria, se hace ejercicio y se sigue una dieta, pero basada en el
conocimiento real de los alimentos y de los mecanismos que regulan el peso del
cuerpo.
En
los alimentos se encuentran los nutrimentos, que dan energía y nos proporcionan
los materiales necesarios para que el cuerpo realice sus actividades. Los
nutrimentos se agrupan en seis clases: carbohidratos, grasas, proteínas,
vitaminas, minerales y agua.
Todos ellos son indispensables para conservar la
salud y se les encuentra en diferentes proporciones en los alimentos.
Los
alimentos son el carburante del cuerpo. Para calcular las cantidades adecuadas
se recurre a una unidad, la caloría, que es la cantidad de calor necesaria para
elevar un grado la temperatura de un gramo de agua, aunque en la práctica se
utilice la kilocaloría (también se escribe con mayúscula: Caloría), mil veces
mayor y más manejable.
Las
sustancias básicas presentes en los alimentos que tienen energía, son:
- ·
Un gramo de
proteínas: 4 Calorías
- ·
Un gramo de grasas: 9
Calorías
- ·
Un gramo de
carbohidratos o glúcidos: 4 Calorías
Así,
25 gramos de aceite de cártamo, que es grasa pura, suministran 225 Calorías,
mientras que 25 gramos de proteína pura o de azúcar suponen 100 Calorías. De
esta forma podemos calcular la energía, metabólicamente utilizable, contenida
en ciertos alimentos concretos, si sabemos su composición de nutrimentos aunque
sea sólo aproximadamente. Para ello se recurre a ciertas tablas, que son de
gran utilidad para determinar la ingesta energética, aunque existen otras que
dan valores energéticos totales sobre alimentos crudos y, por ello, será
importante conocer la elaboración de aquellos alimentos (fritos, asados, en
salmuera, hervidos, etc.) para corregir las pérdidas o ganancias en relación
con el contenido calórico.
Ningún
alimento nos puede dar por sí solo todos los nutrimentos que necesitamos en las
cantidades adecuadas. Una alimentación sana e ideal se basa en el régimen de la
pirámide clásica. Esta pirámide representa el concepto de una alimentación
equilibrada. La base es amplia y muestra los alimentos que deben aparecer con
más frecuencia en nuestra dieta: cereales, pasta y arroz; le siguen las frutas
y verduras, con 5 a 9 raciones en total; luego los lácteos y las carnes, con
dos a tres raciones cada uno; y finalmente las grasas y los azúcares, que deben
consumirse con moderación.
Hasta
aquí se ha mostrado cómo un buen plan para perder peso implica “comer” menos
Calorías de las que usa el cuerpo, de manera que éste empiece a usar la energía
que ha almacenado como grasa, o bien hacer ejercicio. Por otro lado, tampoco es
saludable perder peso muy rápidamente, ya que si se ingieren muy pocas
Calorías, se corre el peligro de no recibir todos los nutrimentos requeridos.
Se sabe, además, que las dietas que provocan una disminución rápida del peso,
en realidad hacen perder agua y enseguida masa muscular. Como la proteína de
los músculos se construye muy lentamente, y sólo con una dieta adecuada y
ejercicio constante y regular, cuando se abandona este tipo de dietas el peso
perdido no se gana ya en forma de músculo sino como agua y grasa, lo que
provoca flacidez.
Una dieta inteligente
Las
bases para la formulación de una dieta de reducción no son diferentes a las
dietas correctas, equilibradas y adecuadas para una cierta edad, peso y tipo de
actividad física, a excepción del contenido energético (calórico) total, el
cual debe reducirse sólo en caso de que exista sobrepeso real. En las dietas de
reducción el 60% de la energía total debe provenir de los carbohidratos, del 15
al 20% de las proteínas y el 25% de las grasas.
Con
base en el concepto del equilibrio dietético, el diseño de una dieta debe
incluir el aporte necesario para garantizar una cantidad de 1 a 1.5 g de
proteínas por kilogramo de peso corporal —adecuado para una edad, sexo y
estatura determinadas— por día, a efecto de evitar consumir las propias
reservas proteicas y el consumo de la masa muscular.
En
cuanto a la prescripción de la dieta, ésta debe hacerse de forma individual en
lugar de sugerir una dieta universal pobre en energía (baja en Calorías), y de
acuerdo con los requerimientos energéticos de cada persona. En principio se
recomienda no tratar de bajar más de 1 a 1.5 kg por semana ya que se pueden
provocar descompensaciones, tales como desequilibrios hidroelectrolíticos y
cambios fisiológicos bruscos que pueden llegar a ser dañinos al organismo. De
tal manera, un objetivo más realista sería tratar de disminuir 0.5 kg a la
semana, y no hay que olvidar que dicho déficit puede producirse tanto por
disminución en el aporte energético (dieta) como por aumento en el gasto
(ejercicio), o por una combinación de ambos, que habitualmente es lo más
recomendable.
Un ejemplo
Apliquemos
esto a un ejemplo: si una persona tuviera un aporte calórico diario de 2 500
Calorías y deseara perder 500 g de grasa a la semana, deberá reducir su aporte
calórico en 500 Calorías diarias, pasando de 2 500 a 2 000 Calorías diarias de
la siguiente manera:
- ·
Desayuno: 500
Calorías
- ·
Media mañana: 50
Calorías
- ·
Comida: 650 Calorías
- ·
Media tarde: 150
Calorías
- ·
Cena: 550 Calorías
¿Cómo
llegar a ingerir, con esta disminución calórica, una alimentación diaria de
calidad? Sobre una alimentación diaria de 2 000 Calorías, se pueden elegir los
alimentos según la pirámide antes expuesta o repartir los porcentajes de 65%
del total en forma de carbohidratos, 20% del total en grasas y 15% del total en
proteínas.
La dieta del “yo-yo”
Lo
que se busca con las dietas es perder peso rápidamente, mismo que generalmente
también se recupera a igual velocidad. Este ciclo de pérdida y ganancia de
peso, llamado “dieta del yo-yo”, es particularmente peligroso, porque quienes
lo siguen, corren el riesgo de padecer enfermedades cardíacas, elevación o
disminución de la presión sanguínea y deficiencias vitamínicas, a diferencia de
las dietas que buscan mantener constante la reducción de peso.
Por
otro lado, se cree que quienes siempre están a dieta mantienen a su organismo
en un estado constante de emergencia que hace que el cuerpo asimile cada vez
mejor menores cantidades de alimento, es decir, con el tiempo tendrán mayor
dificultad para perder peso aun disminuyendo la cantidad de alimentos ingeridos.
Quizá hayas llevado a cabo una de las dietas que se muestran en la tabla. Ahora
que conoces los principios de una dieta sana, podrás darte cuenta que esas
propuestas no tienen ninguna base científica y seguirlas es dañino para la
salud.
Por
último, es importante tomar en cuenta que antes de iniciar un programa adecuado
para reducir el peso, es indispensable que te preguntes si realmente tienes un
problema de sobrepeso o si simplemente cuando dices que estás “gordo o gorda”,
estás expresando que te sientes mal. Antes de caer en la tentación de seguir
una dieta que nos hayan recomendado o que leímos en una revista, sería
importante recordar que sólo una alimentación variada, bien distribuida a lo
largo del día, acompañada de ejercicio y de una modificación de la conducta,
puede producir una pérdida progresiva pero permanente de los kilos superfluos.
Hay que tener presente que comer bien es algo importante, porque en ello no
sólo está de por medio la estética, sino también la salud y en ocasiones la
vida.
Carmen
Sánchez Mora es bióloga egresada de la UNAM, maestra en ecología por la
Universidad de Stanford, California, y doctora en enseñanza de la biología por
la Facultad de Ciencias de la UNAM. Ha sido investigadora y profesora en la
misma UNAM y desde hace 15 años se dedica a la divulgación de la ciencia.
Paráfrasis
Mantener
un peso perfecto se sustenta en rígidos y prácticos principios científicos: por
otro lado, la mayoría de las personas sienten atracción por estos tratamientos milagrosos
que poseen un efecto nocivo para la salud.
Es
muy probable que a causa de los que nos rodean empecemos a sentirnos inseguros
e incluso despreciemos el hecho de que no cumplamos los estándares de belleza
establecidos: ser delgados. Es natural que tengamos la iniciativa de cambiar
los malos hábitos por algo más saludable, siempre y cuando no sea en exceso.
No
lograremos ser delgados, en todo caso que nuestra complexión física y moldura
esquelética lo posibilite. Esto es muy fundamental de tomar en cuenta ya que
este aspecto no es posible modificar debido a que es algo que nos define desde
nuestro nacimiento; el tipo corporal (ectomorfo, mesomorfo y endomorfo).
Los
medios de comunicación difunden con insistencia el mensaje estereotipado que
provoca un cierto disgusto en nuestro aspecto, siendo el causante de los trastornos
alimenticios.
Pero
lo cierto es que, antes de llevar a cabo una dieta, hay que adecuarla a
nosotros (a nuestra edad, peso, estatura, sexo, metabolismo basal, actividad
física) para poder cambiar nuestra conducta alimentaria y lograr un cambio real
y permanente.
PRIMERA SECCIÓN
Propósito.
- ¿Qué pretende el autor? Borrar la idea errónea de las dietas y de igualmente informarnos.
- ¿Explicar solamente? No, pretende hacer conciencia acerca de nuestro cuerpo de manera adecuada con bases sólidas de previa investigación científica.
- ¿Aborda un fenómeno, hecho, experimento? Si, la obesidad, los trastornos alimenticios, los estereotipos, los tipos de cuerpo, las dietas falaces y el resultado de las mismas.
Género textual.
- ¿Qué tipo de texto es?: Expositivo
- ¿Qué medio utiliza para su publicación?: La revista "¿Cómoves?
Ciencia.
- ¿A qué rama de la ciencia pertenece el tema que se aborda?: La bromatología.
- ¿Cuál es el área de conocimiento en la que se engloba esta rama? Investiga la composición química, las calorías, los nutrientes, las propiedades físicas y la toxicología de los alimentos.
Rasgos lingüisticos.
- Enlista seis tecnicismos:
- Cal
- Kcal
- Kg
- Mesomorfo
- Ectomorfo
- Endomorfo
- Escribe dos oraciones enunciativas:
- El tipo corporal promedio de los mexicanos se aleja mucho del estereotipo de belleza.
- Ser delgado es ser atractivo.
- Enumera seis verbos indicativos:
- Sintamos
- Miremos
- Tenemos
- Debemos
- Podremos
- Somos
- Cita tres frases en las cuales se advierta el uso de la tercera persona:
- Las personas
- Los mexicanos
- Todos
SEGUNDA SECCIÓN
Introducción.
- ¿Cuál es el título, sección, secciones del artículo que presentan el tema?: Las dietas: mitos y verdades, el secreto que nadie oye, las calorías.
- ¿Cuál es el tema, fenómeno, hceho o investigación que expone? Las causas y consecuencias de una dieta
Desarrollo.
- ¿Cuáles son los subtítulos o secciones que explican el tema establecido? ¿Qué aspectos aborda en cada uno de ellos?: El secreto que nadie oye; habla del metabolismo basal. Las calorias; habla e los alimentos, sus nutrientes y su composición energética.
- ¿Cuál es la postura del autor?: Está en contra de las dietas con escasa base científica.
TERCERA SECCIÓN
Estructura textual.
- ¿Presentan una serie de acciones que conforman una secuencia? ¿Cuáles son?: Si, alimentación variada y bien distribuida - ejercicio - metabolismo basal - conducta alimentaria.
- ¿Cuál es la idea general del autor, cuál es su postura?: Está en contra de las dietas que no están a corde a la persona ( a su edad, sexo, peso, estatura, complexión, etc.).
- ¿Cuáles son los puntos más relevantes que apoyan sus ideas?: El secreto que nadie oye; habla del metabolismo basal. Las calorias; habla e los alimentos, sus nutrientes y su composición energética.
- ¿Señala naturaleza, funciones o partes de algún elemento? ¿Cuál es?: El contenido energético.
- ¿Usa la ejemplificación, la demostración de un fenómeno?: Si, la obesidad, los trastornos alimenticios, los estereotipos, los tipos de cuerpo, las dietas falaces y el resultado de las mismas.
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